El Testimonio De Una Tortuga
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El testimonio de una tortuga
¿Recuerda la tortuga y la
liebre de las fábulas de Esopo? La liebre se jactaba de que era el animal más
rapido del bosque. Cuando desafió a los demás a una carrera, sólo la tortuga se
atrevió a probar. A la liebre, la competencia le parecía injusta, pues ella
ganaría fácilmente. Pero salieron de todas manera y la tortuga pronto se quedó
atrás.
En el camino la liebre
decidió que tenía tiempo de tomar una siesta. Sin embargo, la tortuga siguió
caminando pesadamente. Cuando la liebre despertó no vio a la tortuga por ninguna
parte, por lo que se rio y dijo: “¡Todavía no me ha alcanzado!” Pero
cuando corrió hacia la meta vio a la tortuga cruzándola. Lenta pero firmemente,
la tortuga había ganado.
Igual que esa liebre
necia, algunos creyentes “se mueven rápido”, y sus vidas están llenas de paradas
y comienzos. Pero a menudo se quejan de que a esa velocidad no llegan a ninguna
parte. Sería mejor testimonio decir: “Estoy llegando lentamente”. Eso es
más realista, pues el aprendizaje, el crecimiento y las victorias verdaderas son
experiencias graduales.
Un filósofo dijo una vez
que lo esencial en el cielo o en la tierra debería ser una “larga obediencia en
la misma dirección”. Igual que el apóstol Pablo, que tu objetivo de toda la vida
sea proseguir hacia tu meta en Cristo (Fil. 3:14). Tú serás el que gane el
premio.
Recuerda
siempre “En el camino a la madurez espiritual no hay atajos” |