No bajemos la guardia
"Vestíos de toda la armadura de
Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo..." (Efesios
6:11)
Toda persona
que ha llegado a los pies de nuestro Señor Jesucristo recibiéndole como su Señor
y Salvador personal y se ha incursionado en esta nueva vida en Él, debe saber
varios aspectos importantes en cuando a la realidad de su persona y el papel que
juega ahora como parte del cuerpo de Cristo.
Antes de que
el Señor nos alcanzara con su infinita misericordia, éramos esclavos del pecado,
no teníamos esperanza, nosotros como seres integrales (espíritu, alma y cuerpo),
estábamos alejados, separados de la presencia del Dios mismo, estábamos muertos
espiritualmente hablando, ya que muerte es separación, pero cuando se llega el
día en que escuchamos el precioso mensaje de salvación del evangelio, esas
buenas noticias que nos cambiarían por completo, nuestro espíritu es vivificado
puesto que le permitimos al Señor Jesucristo que entre a nuestra vida y
juntamente con Él llega el Espíritu Santo, reestableciéndose así nuevamente la
comunión entre Dios y nosotros, comunión que se había perdido como consecuencia
del pecado Adámico, ahora tenemos la capacidad de invocar el Santo nombre del
Señor puesto que hemos nacido de nuevo.
Ahora se da inicio a una batalla que no tiene tregua, una batalla espiritual por
la conquista de nuestra alma, la que incluye a la mente, el corazón, los
sentimientos, el intelecto, los sentidos, etc. La cual se ha visto afectada
quizá cuando estábamos aún en el vientre de nuestra madre o cuando fuimos
creciendo poco a poco hasta llegar a nuestra edad actual. Muchas de las
afecciones o enfermedades del alma pueden ser: amargura, odio, falta de perdón,
resentimiento, rechazo, culpabilidad, menosprecio, angustia, depresión, malos
hábitos, limitaciones, etc. Y todo esto se ha encargado el adversario por
diversos medios o artimañas de sembrarlo en el alma de mucho pueblo cristiano,
es por eso que toda planta que el Padre no plantó debe ser desarraigada, pero
esto no lo podemos hacer solos, debemos pedir ayuda ministerial, es decir
consejo, y es un proceso que así como le fue mandado a
Naamán el sirio por medio del profeta Eliseo, que se sumergiera siete
veces en el río jordán para que desapareciera su lepra, no fue sino hasta la
última vez que quedó completamente sano, claro que esto fue humillante, pero
efectivo (2Rey. 5)
Otro ejemplo
lo podemos ver con David cuando estaba refugiado en la cueva de
Adulam, llegaron a él todos los afligidos, los
endeudados y los que estaban en amargura, personas que se consideraban
fracasadas, sin embargo fueron restauradas y útiles posteriormente al rey (1Sam.
22), el punto importante es que necesitaban que su alma fuera restaurada.
Espiritualmente hablando, hoy nos encontramos en un campo de batalla hostil y
muchas veces subestimamos al enemigo de nuestras almas, es decir, al diablo, el
cual cuenta con una infinidad de artimañas o métodos de combate para hacer que
bajemos la guardia y retrocedamos, el desea que perdamos nuestra comunión con el
Señor y tratará por todos los medios utilizar quizá a tu vecino para quitarte la
paz, tratará meter división en tu hogar para separarte de tu cónyuge, tratará de
que alguien te trate mal o te menosprecie para sembrar eso en tu alma, tratará
de que alguien que jamás hubieras pensado te traicione y así poner una raíz de
amargura en tu corazón (alma), es decir, que tratará por cualquier medio de
rescatar el terreno que por mucho tiempo estuvo sembrando, minando y gobernando,
el cual es nuestra alma, que ahora le pertenece al Señor Jesucristo. Por lo cual
enviara diversidad de pensamientos para que dudes, para que te limites a ti
mismo y quedes inmovilizado, por lo tanto es necesario que no nos amoldemos al
mundo actual, el cual es manipulado por el diablo, sino que nos transformemos
mediante la renovación de nuestra mente (alma), (Rom. 12:2).
El Señor nos
dejó una armadura espiritual para que podamos resistir todos los ataques del
enemigo, para que no bajemos la guardia ni un solo momento, para que peleemos la
buena batalla y salir victoriosos, recuerda nuestra lucha no es contra seres
humanos, no es contra tu vecino, tu jefe, tu hermano(a), tu cónyuge, tus padres,
etc. sino contra potestades espirituales las cuales no podemos ver y por lo
tanto no son batallas físicas sino espirituales, esto es una gran realidad ante
la cual no podemos quedarnos con los brazos cruzados, si sientes que estas
bajando la guardia y no te explicas porque, pues, debes saber que vivimos a
diario en una guerra espiritual, levántate con autoridad en el nombre del Señor
Jesucristo, ponte la armadura de Dios, guerrea y derrota a tu adversario, pues
Jesucristo ya ganó la batalla él pelea por nosotros.