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Texto: "Entonces oré al Dios de
los cielos." Nehemías 2:4
Como ya vimos en la lectura de las Escrituras,
Nehemías había preguntado en cuanto al estado de la ciudad de Jerusalén, y
las noticias que oyó le causaron amargo dolor. "¿Cómo no estará triste mi
rostro, cuando la ciudad, la casa de los sepulcros de mis padres, está
desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?" No podía soportar que
fuera un puro montón de ruinas --aquella ciudad que había sido hermosa en
cuanto a situación y el gozo de toda la tierra. Guardando el asunto en su
corazón, no comenzó a hablar con otras personas de lo que podían hacer, ni
diseñó un programa maravilloso sobre lo que se podría hacer si varios
miles de personas se unieran en la empresa, pero se le ocurrió que podría
hacer algo él mismo. Esta es la forma en que el hombre práctico inicia un
asunto: El que no es práctico hará planes, arreglos y especulaciones
acerca de lo que podría hacerse, pero el genuino y dedicado amante de Sion
se plantea esta pregunta: "Qué puedes hacer? Nehemías, ¿qué puedes hacer?
Vamos, hay que hacerlo, y tú eres el hombre que ha de hacerlo-- por lo
menos debes hacer tu parte. ¿Qué puedes hacer?"
Llegado a este punto, resolvió apartar tiempo para
orar. Nunca tuvo el asunto fuera de su mente durante casi cuatro meses.
Día y noche parecía tener escrito Jerusalén en su corazón, como si el
nombre estuviera pintado en el globo de su ojo. Veía solo a Jerusalén.
Cuando dormía soñaba con Jerusalén. Al despertar su primer pensamiento era
Jerusalén: "¡Pobre Jerusalén!" y antes de dormirse su oración nocturna era
por los muros derribados de Jerusalén. El hombre de una idea fija,
vosotros sabéis, es un hombre terrible. Y cuando una sola pasión ha
absorbido el todo de su humanidad, algo tendrá que venir como resultado.
Tenedlo por seguro. El deseo de su corazón se convertirá en alguna
demostración abierta, especialmente si plantea el asunto delante de Dios
en oración. Algo surte de esto. Antes que transcurriera mucho tiempo,
Nehemiás tuvo su oportunidad. Hombres de Dios, si queréis servir a Dios y
no encontráis la ocasión propicia, esperad un tiempo en oración y vuestra
ocasión irrumpirá sobre vuestro sendero como un rayo de sol. Nunca hubo un
corazón verdadero y valiente que no lograra hallar una esfera adecuada en
un lugar u otro para realizar su servicio. Todo obrero diligente hace
falta en algún lugar de la viña. Puede ser que tengas que tardar, puede
parecer que estás ocioso en el mercado, porque el maestro no te ha
contratado, pero espera allí en oración, y con tu corazón ardiente con su
propósito cálido, y aparecerá tu oportunidad. La hora necesitará su
hombre, y si estás pronto, tú como hombre, no te quedarás sin tu hora.
Dios dio a Nehemías una oportunidad. La oportunidad vino, es cierto, de un
modo que era inesperado. Vino a través de su tristeza de corazón. Este
asunto le ocupó la mente hasta que comenzó a verse sobremanera infeliz. No
puedo decir si los demás lo notaran, pero cuando entró en el salón real
con la copa, el rey al cual servía notó la angustia en el rostro del
copero y le dijo: "por qué está triste tu rostro? Pues no estás enfermo.
No es esto sino quebranto de corazón." Poco se daba cuenta Nehemías que su
oración estaba brindándole la ocasión. La oración estaba registrada en su
rostro. El ayuno estaba dejando huellas en su semblante, y aunque no lo
sabía, de ese modo estaba preparándole la oportunidad para cuando
estuviera en presencia del rey. Pero podéis ver que cuando se le presentó
la oportunidad tuvo problemas, porque él dice: "Temí en gran manera."
Entonces el rey le pregunta qué es lo que pide. Por el modo de preguntarlo
parece llevar implícita la seguridad de que quiere ayudarle aquí nos
sorprende un tanto el notar que en vez de apresurarse a dar una respuesta
al rey --la repuesta no es dada de inmediato-- ocurre un incidente, se
narra un hecho. Aunque era uno que últimamente se había dado por entero a
la oración y al ayuno, ocurre este pequeño paréntesis: "Entonces oré al
Dios de los cielos." Mi preámbulo conduce a este paréntesis. Quiero
predicar sobre esta oración. Según mi opinión aparecen tres pensamientos
aquí, y sobre cada uno de ellos quiero extenderme un poco: el hecho de
que Nehemías orara en ese momento preciso; el modo de la oración; y el
excelente tipo de oración que utiliza.
I. EL HECHO DE QUE NEHEMIAS HAYA ORADO LLAMA LA
ATENCION.
Su soberano le había hecho una pregunta. Se supone
que lo correcto es responder. Pero no hace eso. Antes de responder oró al
Dios del cielo. No creo que el rey haya notado la pausa. Probablemente el
intervalo no haya sido lo suficientemente largo como para ser notado, pero
tuvo la extensión necesaria para que Dios lo notara --suficientemente
largo para que Nehemías buscara y obtuviera la dirección de Dios en cuanto
a la repuesta que debía dar al rey. ¿No os sorprende encontrar un hombre
de Dios que tiene tiempo para orar entre una pregunta y una repuesta?
Nehemías encontró ese tiempo. Más nos sorprende su oración porque estaba
tan perturbado que, en conformidad con el versículo dos, temió en gran
manera. Cuando estás nervioso y desconcertado podrías olvidarte de orar.
¿No consideráis algunos de vosotros esto como una excusa válida para
omitir vuestras devociones regulares? Sin embargo, Nehemías piensa que si
está alarmado, ello es una razón para orar y no para dejar de orar. Tan
habitualmente estaba en comunión con Dios, que tan pronto se encontraba en
un dilema volaba a la presencia de Dios, al igual que la paloma volaría a
refugiarse en las hendiduras de una roca.
Su oración fue más extraordinaria en esta ocasión,
dado que se sentía apasionado por su objetivo. El rey le pregunta
qué es lo que necesita, y pone todo su corazón en la reconstrucción de
Jerusalén. ¿No te sorprende que no haya dicho de inmediato: Oh rey, vive
por siempre. Anhelo construir los muros de Jerusalén. Concédeme toda la
ayuda que puedas?" Pero no, aunque estaba ansioso por lanzarse sobre el
objetivo deseado, retiene la mano hasta después que se dice: "Entonces oré
al Dios de los cielos." Confieso que lo admiro. Deseo imitarlo. Quisiera
que cada corazón creyente pueda tener la santa precaución que no le
permitió apresurarse insensatamente. "La oración y las provisiones ni
impiden el viaje de hombre alguno." Ciertamente cuando el deseo de nuestro
corazón está muy cerca, frente a nosotros estaremos más seguros de que
tomaremos el pájaro que estamos espiando entro los matorrales si nos
detenemos silenciosamente, elevamos nuestros corazones y oramos al Dios
del cielo.
Y es aun más sorprendente que haya orado
deliberadamente en ese preciso momento, porque él ya había estado
orando por los últimos tres o cuatro meses respecto de la misma
materia.
Algunos de nosotros podría haber dicho: "Esto es
aquello por lo que he estado orando; todo lo que tengo que hacer ahora es
tomarlo y usarlo. ¿Qué necesidad de volver a orar? Después de todas mis
lágrimas nocturnas y mis llantos de día, después de apartarme para ayunar
y clamar al Dios del cielo, después de tan angustiosa conferencia,
ciertamente ha llegado la respuesta. ¿Qué otra cosa puedo hacer sino tomar
el bien que Dios me ha provisto y regocijarme en ello?" Pero no. Vosotros
siempre podréis encontrar que el hombre que ha orado mucho es el hombre
que seguiría orando. "Al que tiene le será dado y tendrá más." Con sólo
conocer el dulce arte de la oración, tú eres el hombre que estará
frecuentemente entregado a orar. Si estás familiarizado con el trono de la
gracia, lo visitarás continuamente.
"Porque aquel que conoce de la oración el poder,
sólo desea entergarse a ese placer."
Aunque Nehemías ha estado orando todo el tiempo, no
obstante, debe ofrecer otra petición. "Entonces oré al Dios del cielo."
Vale la pena recordar una cosa más, a saber, que El
estaba en un palacio real, y en el palacio de un rey pagano, además;
y estaba en el acto mismo de poner ante el rey la copa de vino. Estaba
cumpliendo su tarea en la fiesta del estado, en medio del resplandor de
las lámparas y el brillo del oro y la plata, en medio de los príncipes y
pares del reino. O aun si fuera fiesta privada del rey y la reina
solamente, los hombres se impresionan de tal manera en tales ocasiones con
las responsabilidades de sus elevados cargos que fácilmente se olvidan de
orar. Pero este israelita devoto, en ese lugar y en esa ocasión, cuando
está a los pies del rey para sostenerle la copa de oro, se refrena de dar
una respuesta al rey antes de haber orado al Dios del cielo.
II. He aquí el hecho, y creo que merece una mayor
reflexión. Así que pasamos a observar-- EL MODO DE ESTA ORACION.
Bien, muy brevemente, fue lo que podríamos llamar
una oración espontánea--que es como si arrojara el dardo, y ya está.
No era la oración que se para junto a la puerta de la misericordia a
llamar, llamar y llamar. Es la concentración de muchos llamados en uno
solo. Comenzó y terminó en un solo golpe. Quiero recomendaros esta oración
como una de las mejores formas de oración.
Nótese que debió de ser muy breve. Fue
introducida, deslizada --hecha un "sandwich"-- entre la pregunta del rey y
la respuesta de Nehemías; y, como ya he dicho, no creo que la haya tomando
un tiempo apreciable, escasamente un segundo. Es muy probable que el rey
no haya observado ningún tipo de pausa o vacilación, porque Nehemías
estaba en el tal estado de alarma ante la pregunta que estoy convencido
que no permitió que su demora ni su vacilación se hicieran evidentes,
antes bien la oración debió de ser ofrecida como un rayo eléctrico, en
forma verdaderamente rápida En cierto estado de extrema excitación es
maravillosa todo lo que puede pasar por la mente en un tiempo muy breve.
Como los hombres rescatados de ahogarse, al recobrarse han contado que
mientras se hundían vieron toda panorama de sus vidas pasar ante sus ojos
en breves segundos, así la mente es capaz de lograr mucho en un espacio de
tiempo muy breve. Así la oración fue presentada como un abrir de ojos; fue
hecha intuitivamente; sin embargo, fue hecha y demostró ser una oración
que prevaleció con Dios.
Fue una oración de un tipo notable. Sé que
fue así, porque Nehemías nunca olvidó que había orado. He orado centenares
de veces, y miles de veces, pero no recuerdo ningún detalle en particular
despúes en cuanto a la ocasión que me dispuso a la oración o a las
emociones que me excitaron. Pero hay un par de oraciones que nunca podré
olvidar. No las he anotado en mi diario, pero recuerdo cuando oré, porque
ese tiempo era tan especial, la oración tan intensa y la respuesta a ella
fue tan notable. Ahora, la oración de Nehemías nunca, nunca fue borrado de
su memoria, y cuando estas palabras quedaron escritas para la historia lo
hizo de la siguiente forma: "Entonces oré al Dios del cielo."
III. Ahora hermanos amados, en tercer lugar paso a
recomendarles ESTE EXCELENTE ESTILO DE ORACION.
Hablaré principalmente a los hijos de Dios, a
vosotros que tenéis fe en Dios. Os ruego que con frecuencia, no, os pido
que siempre uséis este método de la oración espontánea ruego a Dios,
también, que algunos de los que están aquí y nunca han orado, quieran
ofrecer una oración espontánea al Dios del cielo antes que salgan de este
edificio, que pueda subir de vuestros labios una petición breve y
ferviente, algo semejante a la del publicano en el templo: "Dios, sé
propicio a mí, pecador."
Entonces para tratar en forma práctica este asunto,
es deber y privilegio de todo cristiano tener horas estables para orar.
No puedo entender que un hombre pueda conservar la vitalidad de la
piedad a menos que se retire regularmente para orar, por lo menos mañana y
tarde. Daniel oraba tres veces al día y David dice: "Siete veces al día te
alabo." Es bueno para vuestros corazones, bueno para vuestra memoria,
bueno para vuestra solidez para que dediquéis ciertas porciones de tiempo
y digáis "Pertenecen a Dios. Tendré tratos con Dios a tal y tal hora, y
procuraré ser tan puntual en mi horario con él como si hubiera hecho un
compromiso para reunirme con un amigo." Cuando Sir Thomas Abney era
alcalde de Londres le molestaba tener que participar en banquetes, porque
Sir Thomas siempre había tenido oración con su familia a una hora señalada.
El problema era cómo salir del banquete para poder conservar el devocional
familiar. Lo consideraba tan importante, que dejaba la silla, avisándole a
su vecino de asiento que tenía un compromiso con un amigo querido al que
no podía faltar. Y se iba, cumplía su compromiso con Dios, y regresaba a
su lugar, ninguno más sabio, y siendo él el mejor por observar su
acostumbrado hábito de adorar. La Sra. Rowe decía que llegado el momento
de orar, no renunciaba a la oración ni aunque estuviera predicando el
apóstol Pablo. No, decía, si estuvieran allí los doce apóstoles, y no
pudiera haber otra ocasión de oírlos, ella no se ausentaría de su cámara
de oración a la hora señalada.
Pero ahora, habiendo enfatizado la importancia del
hábito piadoso de la oración privada, quiero que quedéis impresionados por
el valor de otro tipo de oración, a saber las oraciones imprevistas,
breves, rápidas, muy cortas y frecuentes, de las cuales Nehemías nos
da una muestra. Y la recomiendo, porque no obstaculiza los compromisos y
no ocupa tiempo. Podrías estar midiendo tus percalas, o pesando
comestibles, o podrías estar sumando una cuenta, y entre un ítem y otro
podráis decir: "Señor, ayúdame." Podrías orar al cielo y decir "Señor,
ayúdame." No te quitará tiempo. Este modo de orar es una gran ventaja para
personas que están presionadas por los negocios porque ni en el menor
grado les incapacitará para atender los asuntos que tengan entre manos. No
requiere que vayas a algún lugar especial. Donde estás puedes detenerte,
si vas en coche, o caminas por la calle, seas el más bajo aserrador en su
aserradero, o él más alto funcionario, puedes parar y hacer oraciones como
ésta. Sin altar, sin iglesia, sin los así llamados lugares sagrados, sino
dondequiera estéis este estilo de oración, pequeña oración, llegará al
oído de Dios y recibirá una bendición.
Una oración de ese tipo se puede ofrecer en
cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia. En la tierra, en el mar,
enfermo o en salud, en medio de pérdidas o en ganancias, en los grandes
reveses o en los momentos de éxito, el creyente puede desahogar su alma
dirigiéndose a Dios en sentencias breves y rápidas. La ventaja de esta
forma de oración es que puede orar con frecuencia y puedes orar siempre.
El hábito de la oración es bendecido, pero el espíritu de oración es mejor.
Y el espíritu de oración es la madre de estas oraciones instantáneas, y a
mí me gustan porque es una madre prolífica. Muchas veces en el día podemos
hablar con Dios nuestro Señor.
Esta oración es sugerida por todo tipo de
circunstancias. Recuerdo a un pobre hombre que una vez me hizo un cumplido,
que valoré mucho en ese tiempo. Estaba hospitalizado, y cuando lo visité
dijo: "Fui a oírle durante algunos años, y ahora, cualquier cosa que veo
parece recordarme una u otra cosa que usted dijo, y acude a mi mente tan
fresca como en el momento en que la oí." Ahora bien, el que sabe orar
instantáneamente encontrará que todo lo que lo rodea le ayuda en el
sagrado hábito. ¿Está ante un paisaje hermoso? Dí: Bendito sea Dios que ha
trazado para recrear la vista y alegrar el corazón." ¿Estás en lúgubres
tinieblas en un día brumoso? Dí: "Ilumina mis tinieblas, oh Señor." ¿Estás
acompañado? Te acordarás de orar: "Señor, pon guarda a la puerta de mis
labios." ¿Estás muy solo? Entonces dices: "no me dejes solo, sé tú conmigo,
padre." El ponerte la ropa, el sentarte a la mesa del desayuno, al subir
al vehículo que te transporta, el caminar por las calles, al abrir tus
libros de contabilidad, al cerrar el negocio, en fin, todo puede sugerirte
que ores en la forma que he estado tratando de descubrir, si tan sólo
tienes una actitud mental adecuada para ofrecerla.
Estas oraciones son recomendables porque son
verdaderamente espirituales. Las oraciones con muchas palabras pueden
ser también oraciones ampulosas. El orar por libro tiene muchos aspectos
que nada tienen de recomendables. Cuando hayas descubierto el provecho que
de un manual de conversación en francés haya tenido alguien que viaja por
Francia sin conocer el idioma, entonces prueba cuánto bien puede hacerle
un manual de oraciones a una pobre alma que no sabe pedir a nuestro Padre
celestial una bendición o beneficio que necesita. ¡Un manual! ¡Manuales!
¡Bah! ¡Ora con el corazón, no con las manos! Si quieres levantar las manos
en oración ¡que sean tus propias manos, no las de otro hombre! Las
oraciones que salen saltando del corazón --la explosión de una emoción
fuerte, de un deseo ferviente, de una fe viva--son verdaderamente
espirituales; y ningún otro tipo de oraciones, sino las espirituales son
las que acepta Dios.
Este tipo de oración está libre de cualquier
sospecha de haber sido motivada en forma corrupta para agradar a los
hombres. No pueden decir que estas oraciones disparadas secretamente por
nuestra alma hayan sido presentadas para alcanzar elogios para nosotros
mismos, puesto que nadie se da cuenta que estamos orando. Por lo tanto, os
recomiendo esta oración y espero que abundéis en ellas. Hay hipócritas que
han orado durante horas. Sin duda hay hipócritas que son tan regulares en
sus devocionales como los mismos ángeles que están delante del trono de
Dios, y no obstante no hay vida, espíritu ni aceptación instantánea --cuyo
corazón habla con Dios-- no es hipócrita. En ella hay realidad, fuerza y
vida. Si veo que de una chimenea salen chipas sé que en el interior hay un
fuego encendido, y estas oraciones instantáneas son como las chispas que
salen desde un alma que está llena de ardientes brasas del amor a
Jesucristo.
Estas breves oraciones disparadas nos son de gran
utilidad, queridos amigos. Con frecuencia nos controlan. Persona de mal
carácter, si oraras siempre un poquito antes de dejar que de tus labios
salgan las expresiones de tu enojo, muchísimas veces dejarías de decir
esas feas palabras. A una buena mujer le aconsejaron que tomase un vaso de
agua y se dejara una cantidad de agua en la boca por cinco minutos antes
de comenzar a reprender a su marido. Me atrevo a decir que no es una mala
receta, pero si en vez de practicar esa pequeña excentricidad, hubiera
hecho una corta oración, ciertamente hubiera tenido un mejor efecto y
hubiera sido más espiritual. Puedo recomendar esta oración de urgencia
como un receta valiosa para el irreflexivo y para el irritable; porque
todos los que se ofenden fácilmente y son lentos para perdonar insultan y
hieren. Cuando en los negocios estás por cerrar con una oferta que te
ofrece cierta dudas, o sientes un escrúpulo positivo, una oración como "Guíame,
buen Señor," con frecuencia te impedirá hacer algo de lo cual más tarde te
arrepentirás.
El hábito de ofrecer estas breves oraciones también
impedirá que deposites confianza en ti mismo. Mostraría tu dependencia de
Dios. Evitaría que te volvieras mundano. Sería como un delicioso perfume
quemado en la cámara de tu alma para mantener alejada de tu corazón la
fiebre de este mundo. Puedo recomendar enfáticamente estas oraciones
breves, dulces y benditas. Quiera el Espíritu Santo dártelas.
Además, nos brindan bendiciones celestiales. Las
oraciones hechas instantáneamente, como en el caso de Eliecer, el siervo
de Abraham, como en el caso de Jacob, cuando dijo ya cerca de la muerte, "tu
salvación esperé, oh Jehová"; oraciones como la que Moisés ofreció cuando
no leemos que él haya orado, y sin embargo, Dios le dice: "¿Por qué clamas
a mi?"
Oraciones como las que frecuentemente presentaba
David son las que tienen éxito delante del Altísimo. Por lo tanto, abundad
en ellas, porque Dios quiere estimular su uso y le agrada responderlas.
Y así podría seguir recomendando la oración
imprevista, instantánea, pero diré una sola cosa más en su favor. Creo que
es muy apropiada para algunas personas de un temperamento peculiar que no
podrían orar por largo tiempo para salvar la vida. Sus mentes son rápidas
y ágiles. Queridos amigos, el tiempo no es un elemento en el negocio. Dios
no nos oye debido a la extensión de nuestras oraciones, sino por la
sinceridad de ellas. La oración no se mide por metros ni se pesa por
kilos. Es su poder y fuerza, la verdad y realidad de ella, la intensidad y
energía de ella lo que vale. Si eres de una mente tan pequeña tan ligera
que no puedes usar muchas palabras, o no puedes pensar tan largo rato una
cosa, debiera ser para tu consuelo el saber que la oración espontánea es
aceptable. Y podría ser, querido amigo, que estás en una condición física
en que no puedes orar de otro modo. Un dolor de cabeza como el que afecta
frecuentemente la mayor parte de su vida a algunas personas --estado del
cuerpo que el médico puede explicarte-- podría impedir que la mente se
concentre por largo rato sobre un tema. Entonces resulta refrescante poder
dirigirse a Dios una y otra vez, cincuenta o cien veces en el día, en
oraciones breves, rápidas, estando el alma en todo su fervor. Este es un
estilo bendito de oración.
Ahora concluiré mencionando solo algunas de las
oraciones cuando creo que deberíamos recurrir a la práctica de la oración
espontánea. El Sr. Rowland Hill era un hombre notable por su piedad, pero
cuando en Woton-under-Edge pregunté por su estudio, aunque presioné por
tener una respuesta, no obtuve una respuesta satisfactoria. Finalmente el
buen ministro dijo: "El hecho es que nunca tuvo uno. El Sr. Hill tenía por
costumbre estudiar en el jardín, en la sala, en la cama, en las calles, en
los bosques, en cualquier lugar." "Pero, ¿Dónde se retiraba a orar?"
Dijeron que suponían que era en su cuarto, pero que siempre estaba orando
--que no importaba dónde estuviera, el buen hombre siempre estaba orando.
Parecía como si toda su vida, aunque la pasó en medio de sus semejantes
haciendo el bien, la pasó en oración perpetua. Se sabía que había estado
en la calle Blackfriar, con sus manos atrás, mirando una vidriera, y si se
ponía atención pronto se podía percibir que estaba derramando su alma
delante de Dios. Había llegado a estar en un estado constante de oración.
Creo que es la mejor condición en que un hombre puede estar cuando está
orando siempre, orando sin cesar, siempre acercándose a Dios con sus
oraciones espontáneas.
Pero si he de daros una selección de momentos
adecuados, debo mencionar momentos como estos. Cuando quiera que tengas
una gran alegría, grita: "Señor, convierte esto en una verdadera bendición
para mí." No exclamas como los demás: "Soy un tipo con suerte," sino, "Señor,
dame más gracia y más gratitud, ahora que has multiplicado tus favores."
Cuando tienes entre manos una empresa ardorosa o un asunto pesado, no lo
toques hasta que de tu alma haya una dificultad, y te sientes muy perplejo,
cuando los negocios llegan a una encrucijada, o a una confusión que no
puedes desentrañar u ordenar, ora. No es necesario que ocupes un minuto,
pero es maravilloso darse cuenta cuantos nudos se puedan soltar después de
una palabra de oración.
¿Los niños te resultan particularmente molestos,
buena mujer? ¿Te parece que tu paciencia casi se ha agotado debido a las
preocupaciones y las hostilidades? Es el momento de una oración insantánea.
Los manejarás en forma más adecuada y soportarás sus malos comportamientos
en forma más tranquila. En todo caso, tu propia mente estará menos
perturbada. ¿Piensas que hay una tentación frente a ti? ¿Comienzas a
sospechar que alguien está poniéndote asechanzas? Hay que orar: "Llévame
por un camino llano a causa de mis enemigos." ¿Estás trabajando en el
banco, en un taller, en un almacén, donde tus oídos son asaltados por
conversaciones obscenas, blasfemias y vergonzosas? Es tiempo de una breve
oración. ¿Has notado que un pecado te asidia? Que te mueva a la oración.
Estas cosas debieras recordarte que debes orar. Creo que el diablo no
dejaría que la gente jurase tanto si el pueblo cristiano orara cada vez
que oyeran un juramento. Entonces se daría cuenta que no le conviene. Las
blasfemias de ellos se verían un tanto acalladas si provocaran súplicas
por parte de los creyentes.
¿Sientes que tu corazón se está saliendo de los
límites? ¿Empieza a fascinarte el pecado? Es tiempo de orar, de un clamor
ardiente, sincero y apasionado: "Señor, ayúdame." ¿Viste algo con tu
ojo, y ese ojo está infectando tu corazón? ¿Te sientes como si
tu pie fuera a resbalar, y tus pasos estuvieron próximos a deslizarse?" Es
tiempo de orar: "Señor, sosténme con tu diestra." ¿Ha ocurrido algo
completamente inesperado? ¿Te ha tratado mal un amigo? Entonces, como
David, di: "Señor, entorpece ahora el consejo de Ahitofel." Ora en el
momento. ¿Estás ansioso por hacer algún bien? Asegúrate de orar al
respecto. ¿Quieres hablar a aquel joven esta noche, cuando salgas del
Tabernáculo, acerca de su alma? Primero ora, hermano. ¿Quieres dirigirte a
los miembros de tu clase y escribirles una carta sobre su bienstar
espiritual esta semana? Ora sobre cada línea, hermano. Siempre es bueno
que la oración siga fluyendo mientras estás hablando de Cristo. Siempre
encuentro que puedo predicar mejor si oro mientras estoy predicando.
Y la mente es muy notable en sus actividades. Puede
estar orando mientras se está estudiando. Puede estar mirando a Dios
mientras conversamos con otro hombre. Puede estar con una mano leventada
hacia Dios para recibir las provisiones de Dios, mientras la otra está
entregando las mismas provisiones que a El le ha agradado dar. Ora
mientras vivas. Ora cuando tengas gran dolor. Mientras más grande la
herida, más urgente e importante debiera ser tu clamor delante de Dios. Y
cuando las sombras de la muerte te rodean, y extraños sentimientos te
sofocan o te llene de escalofríos, y claramente te dicen que está cercano
el final de tu jornada, entonces ore. ¡Oh, ese es tiempo de orar breve y
fervientemente! Oraciones breves y vigorosas como éstas: "No escondas tu
rostro de mí, oh Señor;" o ésta, "No te alejas de mí, oh Dios," serán
adecuadas para ti. "Señor Jesús recibe mi espíritu," fueron las emotivas
palabras de Esteban cuando estuvo a la puerta de su fin; y "Padre, en tus
manos encomiendo mi espíritu," fueron las palabras de tu Maestro mismo,
pronunciadas el momento antes de inclinar su cabeza y entregar su espíritu.
Tú bien puedes tomar el mismo tono e imitarle.
Estos pensamientos están tan exclusivamente
dirigidos a los hermanos santos y fieles en Cristo que os sentiréis
inclinados a preguntar: "¿No hay algo que se pueda decir al inconverso?"
Bien, todo lo que ellos han oído decir lo pueden usar en su propio
beneficio. Pero, permitidme que me dirija a vosotros, mis queridos amigos,
tan deliberadamente como me sea posible. Aunque no seáis salvos, no debéis
decir: "Yo no puedo orar." Pero, si la oración es tan fácil, ¿qué excusa
podéis tener para descuidarla? No requiere un espacio de tiempo medible.
Oraciones como estas serán oídas por Dios y todos vosotros tenéis la
capacidad y la oportunidad de pensarlas y expresarlas, si solamente tenéis
esa fe elemental en Dios que cree que "le hay y que es galardonador de los
que le buscan." Creo que Cornelio se encontraba así tan lejos cuando el
ángel le amonestó a que mandase a buscar a Pedro, el cual le predicó la
paz por medio de Cristo para la conversión de su alma. ¿Hay en el
Tabernáculo esta noche un hombre o mujer, un ser tan extraño que nunca ora?
¿Cómo os amonestaré? Podría tomar un pasaje de un poeta actual, vivo, que
aunque no ha contribuido con nada a nuestros himnarios, ha canturreado una
nota tan a propósito con mi objetivo, y tan agradable a mi oído, que deseo
citarlo:
La oración obra más cosas
que las que el mundo pueda soñar.
Así que eleva tu voz como una fuente
que fluye día y noche sin cesar.
Porque, ¿en qué a ovejas y cabras superar
puede el hombre que en su cerebro
una vida ciega alimenta si sus manos,
conociendo a Dios, en oración no eleva?
Porque con cadenas de oro,
todo camino de este mundo
a los pies de Dios está unido.
No sospecho que haya aquí alguna criatura que nunca
ora, porque la gente ora generalmente a uno u otro ser. El hombre que
nunca ora a Dios las oraciones que debiera, ora a Dios las oraciones que
no debiera hacer. Es terrible que un hombre le pida a Dios que lo condene;
sin embargo, hay personas que lo hacen. Supón que te oye: El es un Dios
que oye la oración. Me dirijo a un profano blasfemo, y me gustaría que
esto quedara muy claro para él. Si Dios te hiciera caso, si tus ojos
fueran cegados y tu lengua quedara inmóvil y tú mudo mientras pronuncias
una salvaje imprecación, podrías soportar el jucio repentino sobre tu
impío hablar? Si algunas de tus oraciones te fueran respondidas en ti
mismo, y algo de lo que has ofrecido, en tu pasión, para tu esposa y para
tu hijo se cumplieran dañándolos y distrayéndote, ¡qué terrible sería!
Bueno, Dios responde la oración, y uno de estos días él podría responder
tus oraciones para tu vergüenza y confusión perpetua. Ahora, antes que
dejes tu asiento, ¿no sería bueno que oraras? Dile: "Señor, ten
misericordia de mí; Señor sálvame; Señor, cambia mi corazón; Señor, dame
que pueda creer en Cristo; Señor, dame interés ahora en la preciosa sangre
de Jesús; Señor, sálvame ahora." ¿No queréis, cada uno de vosotros, hacer
una oración como esa? Que el Espíritu Santo te guíe a hacerlo, y si una
vez comienzas a orar en forma correcta, no tengo miedo que vayas a
abandonar alguna vez, porque hay algo que sostiene firme, al alma en la
verdadera oración. Las oraciones fingidas, ¿qué tienen de bueno? Pero las
súplicas verdaderas del corazón, el alma que conversa con Dios, una vez
que comienza nunca termina. Tendrás que orar hasta que cambies la oración
por la alabanza, y pases del trono de la gracia abajo, al trono de Dios
arriba.
Quiera Dios bendeciros a todos, a todos vosotros;
todos los que sois mis amados en Cristo, y cuya salvación anhelo. Que Dios
bendiga a todos y cada uno, por amor de nuestro querido Redentor. Amén.
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